Monday, October 24, 2016

Cacareando huevos


Estaba en una conversación muy interesante con un amigo, en la cual me hablaba sobre sus aspiraciones profesionales y sobre todas las cosas que hacía en su trabajo. Mencionaba que, efectivamente, lo reconocían por sus labores, por hacer incluso más de lo que, sobre el papel, le correspondía. Todo era destacable, muy bueno. El gran detalle era que poca gente conocía sobre ese plus que él daba día a día. Los beneficios estaban, pero no todos sabían que era gracias a su trabajo. Decir de forma abierta que era gracias a su trabajo y esfuerzo que ocurrían cosas buenas, era algo que se le dificultaba mucho, no deseaba ser presumido (en realidad, sentirse presumido); por encima de todo, lo hacía porque su trabajo le encantaba, no lo hacía por el reconocimiento de otros ni para decir “miren lo bueno que soy”. Algunos colegas le recomendaban que lo haga, incluso diciéndole que era necesario. “Cuando uno pone un huevo, tiene que cacarearlo” me dijo. “Si no compartes ni dices lo que haces, nadie lo va a saber”.




Al igual que mi amigo, yo tampoco hago públicas las cosas que hago o logros que haya tenido. Hago lo que hago porque disfruto haciéndolo y adopté la costumbre de quedarme con ello. Compartirlo o decirle al resto sobre mis acciones es, muchas veces, lo último que pasa por mi mente. Sin embargo, al igual que en el caso que les comento, hacerlo se ha vuelto algo necesario y que requiero empezar a hacer. Más aún en mi caso que trabajo de forma independiente, donde las mejores referencias que puedo tener son de boca a boca, pero estas se limitan a aquellos que efectivamente conocen lo que hago y a lo que me dedico. El resto, con quienes no he compartido ni contado lo que hago, no lo saben ni tampoco tendrían que saberlo, porque nunca cacareé mis huevos. En un hecho insólito para mí, es momento de cacarear...


¿A qué me dedico y qué hago? Soy coach. No, no soy un entrenador y me estoy alienando diciéndolo en inglés. Me dedico a acompañar personas para que a través de procesos de coaching puedan descubrir y liberar su potencial personal, con miras a conseguir objetivos que ellos se han planteado. Me dedico a conversar, escuchar y hacer preguntas. Mi labor es estar al servicio de otra persona, apoyándola y acompañándola a que consiga sus metas y objetivos, trabajando desde sus capacidades y habilidades personales. ¿Quieres mejorar tu desempeño laboral poniendo en juego tus habilidades? ¿Deseas tener relaciones personales más sanas? ¿Y mejor relación con el dinero y finanzas personales? Cualquier cosa que involucre un proceso y crecimiento personal, es materia de coaching. Para el tema de finanzas, también se puede trabajar, esta vez desde el espacio de coaching financiero. El gran detalle es que no te diré cómo lo tienes que hacer, porque no soy asesor ni consejero, sino que tú encontrarás las mejores respuestas y formas que funcionen para ti a través de conversaciones. Lo más importante: todo esto se hace en un espacio de respeto, libertad y confidencialidad. Lo que me cuentes y desees compartir conmigo, no saldrá de dicho espacio.




Otra cosa a la que me dedico es a dar talleres y capacitaciones, con enfoque de coaching. Comunicación, trabajo en equipo, servicio al cliente, inteligencia emocional… Todo lo que tenga que ver con habilidades personales, también las trabajo en talleres, con grupos de personas. Nunca imaginé estar parado frente a un grupo de personas, hablando y haciendo preguntas. Es irónico que a pesar de que no me busque ser el centro de atención, mi propio trabajo demanda que por momentos lo sea, estando al frente siendo observado por una pluralidad de ojos. Capacito a personal de empresas, diseñando mis propios talleres a partir de las circunstancias y necesidades de cada organización. Mis 5 años de formación en Derecho, hablando y matándome por tener la razón ayudaron en algo. Aquí tampoco enseño (no soy profesor), lo que hago es compartir información y generar espacios de aprendizaje donde los participantes le puedan encontrar valor, llevando esta información a su experiencia y generando reflexiones a partir de ello. Incluyo videos, dinámicas, juegos, todo lo que sea necesario para que sea una experiencia grata y beneficiosa para los participantes, quienes son los protagonistas de los talleres.



Cierre del programa "Blue Coaching" en el Hotel Hilton Lima-Miraflores 


A pesar de que lo diga sin ningún ápice de soberbia, igual es algo que me cuesta manifestar, y empezaré a practicarlo… Me considero bueno en lo que hago. Por supuesto que aún tengo mucho espacio para desarrollarme y seguir creciendo, pero en el lugar donde estoy, con mi experiencia y edad, me considero bueno, bastante bueno. Disfruto mi trabajo, he recibido buenos comentarios por éste, pero aún me quedo corto en extendérselo al resto, como una forma de ir “marketeando” lo que hago. Tal vez sea sencillo para algunos el colgar fotos, compartir lo que hacen… En mi caso, al igual que mi amigo, “cacarear” nuestros huevos es algo medio complicado. Es por ello que escribo esto, como un tímido paso para salir a la luz y contar, compartir... Probablemente me tome un poco más de tiempo digerir que actualmente así se mueven las cosas: con la publicidad.


Es por ello que si ven un poco más de actividad en mi perfil, no es que me hayan “hackeado” o que dejé abierta mi cuenta en algún otro lado. Estaré practicando algo que nunca he hecho.


Mi amigo eventualmente consiguió el puesto que deseaba… Yo sólo deseo más oportunidades y espacios para trabajar apoyando a personas, haciendo lo que me gusta.


A empezar…



Taller de Habilidades de Coaching para la atención al paciente en el Policlínico Peruano-Japonés.
A mi izquierda, sentado como meditador, mi gran amigo y socio en este taller.


























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Sobre la muerte…:

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Sunday, October 16, 2016

Sobre la muerte...


En lo que va del año, tengo la triste cifra de haber asistido a dos velorios, y el número de fallecidos de familiares o amigos de gente que conozco es significativamente mayor. Esta estadística, sumada a unas cuantas ofertas para contratar seguros de vida, me hicieron darme cuenta de que este año, la muerte ha sido un tema más recurrente.




En mis 30 años de vida, nunca me ha tocado enfrentarme directamente a la muerte. No he sufrido la pérdida de un familiar cercano ni la pérdida de un amigo. Conozco la muerte en teoría, pero nunca la he sufrido con alguno de los míos. A estas alturas del año, no puedo evitar preguntarme quién más se va a morir y también cómo reaccionaría cuando me toque hacerle frente a algo tan cotidiano de la vida como la muerte.


La verdad es que no sabré lo que es hasta que me toque vivirlo. Conscientemente, me aferro a las cosas que aprendí en un retiro de meditación de 10 días, como una forma de procesar el futuro incierto.


La primera idea que me llamó la atención fue que cuando alguien parte de este mundo, no lloramos por la persona que se ha ido. En realidad, lloramos por nosotros mismos; lloramos porque vamos a extrañar a esa persona, porque no la veremos más físicamente. La persona que se fue (a donde quiera que se haya ido), en mejor lugar no puede estar, definitivamente estará mejor que en este mundo. La muerte se ve como una promoción, un ascenso. Si te enteraras que uno de tus seres querido recibió una promoción, un ascenso y se va a un lugar mejor, ¿llorarías? Si la respuesta es sí, adelante. Ten en cuenta que lloras por ti y no por el fallecido.




Una segunda idea que recuerdo es que celebramos y abrimos los brazos a la vida y le tememos tanto a la muerte, cuando en realidad una no podría coexistir sin la otra. Le damos la bienvenida a un bebé, pero decimos “adiós” con el corazón en la mano cuando llega la muerte. Asistimos de luto a los velorios y entierros, damos el pésame y acompañamos como forma de apoyo al familiar. De hecho, es una concepción y práctica bastante occidental. En otras culturas, la muerte se celebra con una fiesta a nombre del fallecido, donde se le recuerda con alegría y agradecimiento por los buenos momentos compartidos. Se elevan plegarias por su bienestar, donde sea que se encuentre y se celebra como un paso hacia adelante en el camino astral. De locos, ¿verdad? Todo se trata del cristal con el que se mire, por más irreal que pueda sonar en esta parte del mundo.




Como mencioné líneas arriba, no me ha tocado aún estar del otro lado en un velorio; no me ha tocado pararme, vestido de negro, a recibir los infinitos “pésame” de las personas que vengan a acompañarme en mi momento de tristeza. Creo que sería lo último que desearía escuchar, y tal vez desearía no escuchar; que no me digan algo, sino que me acompañen con su silencio. En mis dos visitas a velorios no he encontrado palabras para decir y pienso que a veces el silencio y un abrazo pueden decir mucho más que todos los “pésame” juntos.


Me aferro a estas ideas como un preparativo, porque no hay algo que pueda hacer para cambiar el curso natural de la vida; me aferro a estas ideas como una forma de estar listo para dejar de pensar en mí en esos momentos y alegrarme porque mi ser querido se fue a un lugar mejor: se fue a su propio espacio de cielo.



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Una historia de amor:


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Cacareando huevos

Sunday, October 2, 2016

Una historia de amor


“El amor vendrá, vendrá, vendrá…” dice una vieja canción del Grupo Niche. De hecho, siempre viene, siempre se va y muchas veces llega cuando menos te lo esperas. Con el perdón del autor de la canción antes mencionada, en estos momentos pareciera que el amor lo único que hace es irse. “El amor se va, se va, se va…”. ¿Y por qué lo digo? En mi entorno cercano, el equipo de los solteros va ganando en número de adeptos frente al equipo de los que están felizmente enamorados o en un matrimonio. Salvo unos pocos, la gran mayoría son solteros, y sin deseos de tener una relación. La gran respuesta que dan, en forma de pregunta al universo, es “¿para qué? Si así estoy bien, estoy tranquilo”. “¿Casarme? Los tiempos han cambiado”.




Lejos de tomar partido por los pro o anti relaciones, o comentar sobre lo que es estar enamorado de alguien (o felizmente enamorado de uno mismo), lo que me llama la atención es que casi todos tienen claro cómo debería ser su pareja ideal. Pueden describir físicamente a este ente, con lujo de detalles y tienen un largo listado de las cualidades que dicho hombre o mujer vanagloriado(a) deberá tener para sacarlos del mercado de los solteros. Alguna vez me dijeron que para atraer a mi mujer perfecta primero debía “construirla”; ejercicio que hasta la fecha no he hecho ni tengo ganas de hacer. Por supuesto, que si me preguntara físicamente cómo me gustaría que fuera, sería como Julie Condra, (o Madeleine, de “Los años maravillosos”), mi crush televisivo; la mujer responsable de haber visto el mismo episodio incontables veces, cual idiota. Soñar no cuesta nada…


La pregunta “¿cómo sería tu mujer/hombre ideal?” tendría tantas respuestas como personas. De lo que he escuchado de parte de las mujeres, buscan un hombre fiel, detallista, romántico, sensible, leal, gracioso, que le gusten los niños, etc., etc., etc. Por el lado de los hombres, la mujer debería ser paciente, nada celosa, que le dé sus espacios y tiempos, que no se moleste cuando sale con los amigos, hacendosa, dulce, tierna, comprensiva, bla, bla, bla…


Julie Condra. (Te maldigo porque te envidio, Kevin Arnold).


Escuché una conversación sobre este tema que hasta ahora recuerdo, la cual contiene el tema central de esta entrada. Se trataba de una pareja de amigos que estaban charlando sobre relaciones. Parecía que la chica andaba en su fase “antihombres” y hablaba de las desventuras que había vivido con los malvados ogros hombres. El hombre la escuchaba y apenas emitía palabra. A lo mucho uno que otro sonido gutural a modo de asentimiento. Hasta que de pronto, el hombre le lanza la pregunta en cuestión: “¿Cómo sería tu pareja perfecta?”. A la chica se le iluminaron los ojos, presa de la ilusión de imaginarse a su príncipe azul. Inmediatamente respondió que su siguiente pareja debería ser bastante romántico y detallista, que la haga sentir especial cada día. Que la llame y le escriba mensajes durante el día; que sea dulce con sus palabras y la haga sentir protegida. Este hombre deberá ser íntegro con sus palabras, decirle siempre la verdad y no ocultarle cosas; que la ponga siempre en primer lugar y le haga saber cuánto la ama. El hombre continuó escuchándola mientras su interlocutora seguía creando a este ser maravilloso para ella. De pronto, el rostro del hombre esbozó una ligera sonrisa y le dijo: “Veo que tienes clarísimo lo que debería tener tu pareja. ¿Me permites hacerte una pregunta?”. Ella respondió que sí, curiosa e intrigada por la sonrisa dibujada en el rostro de su amigo.


“De la forma en la que vienes actuando con los hombres, ¿crees que esta persona se fijaría en ti? ¿Quién estás siendo tú para atraer a este hombre que me acabas de describir?”. Del rostro de la mujer se borró todo remanente de ilusión; parecía que algo se hubiese roto, y empezó a llorar. El hombre, como siempre pasa, no supo qué pasó ni qué tenía la mujer, e intentó consolarla.


Algo así era el rostro del hombre luego de hacer la pregunta.


No sé cómo continuó la conversación porque me tenía que retirar del lugar, pero me fui pensando en esas preguntas. Siempre he escuchado, y yo también en algún momento he caído en ese juego, de cómo debería ser la persona para que nosotros nos sintamos a gusto y podamos atrevernos a involucrarnos a un nivel más personal. Normalmente se habla del otro y de las cosas que debe y no debe tener. Lo que me pareció genial de la pregunta del hombre fue que esta vez se enfocaba el tema de las relaciones desde el lado personal, desde quién estoy siendo yo como persona ahora, para poder atraer a la persona ideal; qué “oferta” estoy siendo yo para atraer a una persona buena e ideal para mí. Si constantemente me quejo o ando diciendo cómo debería ser el resto, poco o nada de atención presto a las cosas que a mí me faltan mejorar. Aquí el problema ya no son los hombres o las mujeres que te han tratado mal; la oportunidad es uno mismo, de seguir creciendo, mejorando y tener a partir de ello, relaciones más sanas. 


A partir de esta conversación me hizo sentido la frase “tienes la pareja que te mereces”. Si te quejas de tu pareja, felicidades, tú eres tan igual o más que él/ella, porqué tú lo(a) elegiste. Al final, todo se trata de uno mismo y de las personas que atraemos a nuestras vidas. Para mí, ello supone un momento de reingeniería personal de duración indefinida, tan silencioso y hermético como cuando he tenido enamorada (nadie o pocos se enteran). “Maldito” camino interminable del crecimiento personal…


Por eso no salimos con parejas...


Como nota final, quiero resaltar que no fui yo el hombre-sonriente-destruye-ilusiones de la historia. Soy consciente que mi prontuario de insensible, emocionalmente flat y sarcástico me puede condenar anticipadamente. “Por la Sarita”, que [esta vez] no fui yo.


Si bien esta anécdota no te cambiará la vida, sí me pareció interesante de contar. Mis amigos solteros y yo seguiremos mofándonos del amor, nos revitalizaremos hablando de las bondades de nuestra soltería y miraremos con asombro a toda persona que esté felizmente enamorada (y convencida) de su estado civil. Nos haremos compañía porque no deseamos ser mal tercio al salir con parejas de amigos y si por ahí hay alguna memoria alegre con nostalgia, las tendremos para nosotros y no manifestaremos nuestro sentir. Del otro lado, del de los enamorados, probablemente nos miren como unos parias, como personas miedosas que no se atreven a “abrir sus corazones” y por ello nos estamos perdiendo las bondades de un(a) compañero(a) sentimental.


En nuestra defensa, la canción de Niche aún no se aplica a nosotros…



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Thursday, September 29, 2016

Taxonomía de mis amigos en Facebook (II)



Continuando con el profundo trabajo investigativo de la semana pasada, que involucró muchas canciones escuchadas y horas perdidas que jamás recuperaré, aquí van las categorías restantes:


5)     Los papitos: su nombre es de por sí explicativo. Tengo amigos que desde que se convirtieron en papás lo único que hacen es publicar fotos de sus hijos… Literalmente, es lo único. El perfil ya parece del hijo(a) de tu amigo. Estas fotos o publicaciones vienen acompañadas de coloridos íconos y caritas con gestos de anime, usadas para demostrar todo el amor que sienten por sus hijos. He llegado a pensar que la cantidad de amor o emoción es directamente proporcional al número de íconos que le colocan. La curiosidad que me surge es si en realidad lo publican para sus hijos o para ellos mismos, y por las siguientes cuestiones: i) los hijos no tienen Facebook (en la mayoría de los casos), porque los hijos en cuestión son pequeños, cuando siguen siendo “lindos”; eso hasta que las garras de la edad y el maldito crecimiento los convierte en el mayor terror de los padres: adolescentes (ahí es cuando dejan de ser lindos y por ende las publicaciones terminan y pasan a decir lo cansados que están, pero esa es otra historia); ii) los cumplidos que reciben por esas fotos van directamente al perfil del padre, lo que le permitirá inflar su pecho y iii) nadie (o nadieS si quieren un plural) va a poner un comentario como “ah sí, qué feo tu hijo(a)”, por lo que, si en realidad tu cachorro no es un Adonis versión bebé, mételo a Facebook y automáticamente se embellecerá, al menos es lo que te dirán los comentarios.


"Posa, hijita"


6)     Los amigos de la comida (y alcohol): en una lejana y remota época que recuerdo como los años 90, la gente solía tomar fotos a otras personas. Estás con tu familia disfrutando de una cena, que venga la foto. Noche de tragos con tus amigos, posen todos para la foto (con cámara de rollo Kodak, por supuesto). En algún momento de la evolución humana a alguien se le ocurrió tomarle foto a lo que se va a comer o a lo que se va a tomar… Quiero pensar que se trataba de alguien que estaba aburrido, porque a mí me enseñaron que la comida es para disfrutarla apenas te la sirven (salvo la cortesía de esperar a que todos tengan sus respectivos platos), y que los tragos son un complemento de una conversación o un “lubricante social”. ¿En qué momento de nuestras vidas se volvió más relevante la foto de la comida o del trago que te pediste? ¿Acaso la comida posa? ¿Acaso tu cerveza va a hacer alguna mueca graciosa? ¿Acaso a alguien le importa lo que vas a llevar a tu boca para luego expulsar gracias al proceso digestivo? Y con esto revelaré algunos grandes secretos que el mismo Jesús le compartió a un Jesus Pal, quien me lo compartió a cambio de pasar unos minutos con él leyendo el Atalaya: no, a nadie le importa lo que vas a comer o lo que vas a tomar; no, no a todos les interesa lo que estás haciendo… y no, los alimentos no son personas, no posan ni son tus compañeros de mesa.


Llévatelos, Señor


7)     Los intensos: de todas las categorías, los intensos son los que aman con locura y también odian con locura. Sus emociones tienen picos pronunciados, sus vidas son como una montaña rusa, dirigida y piloteada por sus propias emociones. Todo genial, al final, cada uno tiene derecho a gestionar sus emociones de la forma que consideren más sana. El detalle es que la intensidad les brota por los poros y Facebook es esa tierra fértil de la cual florecen todas sus semillas de amor y odio.


Post clásico de un intenso es “Sofilú, gracias por este grandioso día, mi amor; sé que vendrán muchos años más juntitos para poder seguir dibujando más caminos, tomados de la mano. Te amo, gracias por enseñarme lo que es el amor”.  A lo que la Sofilú le dará su like y le escribirá “gracias, bebé, yo también te amo mucho y gracias por elegirme para ser tu compañera”. Tiempo de relación: menos de un mes…




Post de los 3 meses: “Hoy se cumplen 91 días desde ese primer beso que nos dimos, y sentí lo que era el verdadero amor desde aquel momento. Le siguieron miradas cómplices y supimos que nuestro destino era estar siempre juntos. Te amo… conejita”. Respuesta: “Loquito mío, me sigues enamorando igual que desde ese primer día donde nuestras miradas se cruzaron…”.


Cuando la pareja termina… ¿qué toca? ¡Por supuesto! Tirarle barro y odiar con todas sus fuerzas. Esta es la fase de las indirectas: “quien se va sin que lo boten, regresa sin que lo llamen”; “mejor sola que mal acompañada”, “nada como disfrutar de una hermosa velada con la mejor compañía: yo”.


8)     Los attention whores: esta categoría es de todos de alguna forma. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos demandado atención. Los attention whores, sin embargo, mueren por atención y recurren a cualquier tipo de publicaciones para un like o un comentario. Su objetivo: obtener atención, de cualquier tipo, pero que sea atención. En esta categoría podemos encontrar primero, a los GPS. ¿Ves mapas o ubicaciones en tus actualizaciones? ¿Tienes algún amigo que para publicando su ubicación, lo que hace y con quién está? Felicidades, tienes a un GPS, alguien a quien jamás tendrás que preguntarle dónde está o qué hizo, porque te lo hará saber reportando a su comunidad cada paso que dio, aún cuando nadie se lo haya preguntado.


En segundo lugar tenemos a los alarmistas, y son quienes publican cosas para llamar la atención pero desde el miedo o preocupación. Los casos más recurrentes que veo son los que se toman fotos cuando están enfermos, fotos en el hospital, clínicas o similares. Todo ello acompañado de palabras de valor como “aquí en el hospital…” (ah, pero la clave está en no decir qué te pasa, porque quieres que te pregunten y te den ánimos, admítelo); “gracias Dios por esta segunda oportunidad para cuidar mi salud” o “me siento muy triste, pero sacaré fuerzas de donde no tengo”. ¿Desde cuándo esta red social se convirtió en el muro de los lamentos?


"Aquí, casual, arriesgando mi vida"


La tercera subcategoría son los likeadictos. Cada like que reciban es un respiro, una bocanada de aire puro y fresco. Miden el éxito de sus publicaciones en función al número de likes que reciban. Como saben que los likes son su fuente de ambrosía, la esparcen del mismo modo, para todos y para todas las publicaciones. Incluso, llegan al punto de “autolikear” sus propias publicaciones.


Por último, tenemos a los casuales. ¿Qué hacen los casuales? Se trata de las personas que se paran tomando fotos, supuestamente no preparadas y totalmente espontáneas. La realidad es que la foto que vemos es la número 521, porque las otras 520 no pasaron sus filtros personales. Otra forma de identificar a un casual es buscar en la parte inferior de las fotos por la palabra Retrika. Claro, tan casuales son sus fotos que se dan el tiempo de filtrar las imágenes y en muchos casos, aclararse el color de piel.


Y con esto termina este ocioso ejercicio mental-intelectual sobre la red social que nos permite ser lo que queremos. Si caes en alguna de estas categorías, tal vez te identifiques con alguna de las cosas descritas aquí. Si no caes en alguna es porque probablemente no tengas Facebook o te tomes demasiado en serio como para reírte de las cosas que haces -y probablemente todos hacemos- en la red social.


Como conclusión, a pesar de que parezca que le he dado con palo a la red social, también tengo un perfil, también publico y por ende soy parte de dicha realidad. Si parece que embarro a algunos, también me estoy embarrando a mí mismo.


Lo que rescato es que Facebook me ha permitido mantener contacto con personas a las cuales no he tenido la suerte de ver hace muchos años; me ha permitido tener “amigos” a los cuales nunca he conocido, ni con los cuales he cruzado palabra (espero hacerlo algún día, como un ejercicio de curiosidad). Me ha permitido saber de sus vidas, saludarlos a la distancia por sus cumpleaños y sobretodo, llegar a todos ustedes con estas palabras y publicaciones.



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Sunday, September 18, 2016

Taxonomía de mis amigos en Facebook (I)


Me encontraba una noche escuchando música y distrayendo la mente; naturalmente, hice lo que muchos hacemos cuando no tenemos algo que hacer: revisar el Facebook. “Oh, aquí está el mensaje de ayuda social del día: Rudescinda es una niña de 5 añitos, que ha perdido a su perrito Pajero. Dale un like a la foto que para que el Señor lo proteja hasta su pronto retorno a casa”. (No gracias… Siguiente). “Aquí, saliendo del gym, a recuperar el cuerpo luego de un duro entrenamiento” (foto del susodicho en el baño del gimnasio, metiendo la barriga y con el cuerpo brillante) – “Claro…”. “Y aquí está el mensaje positivo para empezar mi día mañana: Malditos políticos corruptos, ojalá caigan todos en la cárcel. Estas cosas sólo pasan aquí en Perú. ¿Hasta cuándo, señores? Alan, ladrón maldito, no huyas, cobarde…”. Excelente… Hora de dormir.




Me fui pensando sobre todas esas cosas que a diario veo en mi Facebook. Conozco a la gran mayoría de las personas que tengo y cuando veo el nombre de quien publica, de alguna forma me imagino sobre qué va a ser. Somos todos tan diferentes, pero a la vez tan iguales: usamos el Facebook como herramienta, sea para decir algo o curiosear, pero todos estamos metidos en el mismo saco. Y es que la red nos permite -si así lo deseas- ser otra persona, crear un alter ego maligno que te permite decir muchas cosas que abiertamente no dirías, como por ejemplo, en la prehistórica práctica de reunirte con alguien en persona a conversar. Te permite recibir atención, mostrarte al mundo. El Facebook aguanta todo y sobretodo, nos da la facultad ilimitada y sin restricciones de opinar… De lo que sea, y hasta sin fundamento, pero podemos. Todos somos iguales en las azules praderas de Mark Zuckerberg.


Un like, ¿qué te costaba?


Y así como todos estamos en el mismo saco, me metí en un intricado y estúpido ejercicio mental de encontrar cosas comunes a tanta gente diferente. El motivo: todos caemos de alguna forma en seguir la corriente. Eventualmente caes presa de poner tu banderita de Francia y crees que con eso ayudarás al pueblo francés; le das like a la foto de Jesús porque Jesús es cool y si no se lo das se va a molestar por no haberlo recibido de brazos abiertos en tu muro. Así que, producto de esa idea, estas son las categorías ganadoras que he podido ver.


Importante: no estoy hablando de alguien en particular. Si te sientes identificado y no tienes correa hacia las opiniones o cojudeces, sugiero que respires hondo y te tomes esto como lo que realmente es: un post; nada acartonado, nada académico, nada serio. Si piensas que hablo de ti, te aseguro que no. Después de todo, si me burlara de alguien sería de mí mismo, por escribir estas cosas. Así que empecemos…


1)     Los fantasmas: nunca publican, nunca dan likes, sin embargo, están plenamente enterados de todo lo que pasa en el mundo virtual, y recurren a esta información para mantenerse al tanto de las vidas de los otros. Es como un ninja asesino que siempre vigila, pero nunca te das cuenta que está ahí, hasta que sale dispuesto a atacarte sorpresivamente con alguna información que podrá usar para empezar una conversación.


Ahí están... Observándote



2)     Los paladines: a luchar por la justicia. Toma esta publicación, status quo… Estas personas son las primeras en lanzar quejas o protestas, normalmente con el afán de despertar el sentimiento social y los cambios. ¿Qué Uber le está quitando trabajo a los pobres taxistas? Tomen mi publicación y sientan mi ira… ¿Los pobres perritos se asustan con los gritos de los partidos de Perú? Ahí te va, para que no te metas con los pobres perritos. ¿Una madre soltera en Nepal no tiene para ver su WhatsApp porque le recortan su paquete de datos? Chapa esta flor. El abuso contra las mujeres debe parar. O sea, se quejan de todo y de todos. Sus publicaciones normalmente contienen quejas o grandes discursos sobre lo que deberían hacer las autoridades para solucionar las cosas; sobre lo injusta que es la vida, sobre las tropelías y abusos de la gente. Palabras clave que usan son “denuncia”, “injusticia”, “alto al abuso”, entre otras. ¿Marcha por el derecho de los gatos de arañar sillones? Ahí estamos…


Dentro de esta categoría incluyo a los críticos de balcón y a su subespecie, los Perú Haters. Los primeros son los que todo saben. Tienen las respuestas y soluciones para los problemas globales. Incluso tienen la alineación perfecta para que Perú clasifique primero a Rusia 2018. Es que ese Gareca no sabe nada de fútbol. Debió poner a ese chibolo que yo te digo que es bueno y la va a romper. Los segundos, los Peru Haters, tienen una particularidad: todo lo que sea peruano, les apesta. Si sale una noticia sobre los pobres niveles educativos en Perú, ahí están, en sus muros, junto con una reseña llena de indignación de parte de ellos. Es que las cosas sólo pasan aquí en el Perú, que por estas cosas no progresamos, que porque un enemigo de un peruano es otro peruano. Sólo les falta decir “me escupo a mí mismo por ser peruano”. Ahh, pero cuando Perú gana en fútbol o algún artista extrajero hace un cumplido hacia un susodicho plato de limón con pescado…


Estas cosas sólo pasan en Perú.


El mismo sentido de justicia y preocupación-social-de-teclado la tienen los banderitas. ¿Hambruna en Venezuela? Pongo mi filtro de bandera venezolana, porque eso hará que la gente de Venezuela ya no tenga tanta hambre y porque con cada usuario de Facebook que coloque esta bandera, una ONG donará una lata de lomito de caballa… ¿Que coloque este lacito en señal de respeto por los caídos de la revolución social en España? Venga… porque el cambio empieza con mi foto de perfil y eso hará que la gente esté mejor. “¡Qué bueno soy! ¡Cómo apoyo a las causas sociales!” (estrellita en la frente y besito en la mejilla).


Lo interesante de esta categoría es que normalmente son los más reactivos. No se dedican a investigar fuentes ni a verificar la veracidad de la información. Son autómatas entrenados en la crítica. Sólo disparan y después se olvidan.


Apunten... Disparen.


3)     Jesus (and Ricardo Belmont) Pals: la virgen María te envía esta señal divina y energía milagrosa para que todos tus deseos se cumplan. Comparte esta postal en tu muro para que su energía bendita llegue a todos tus contactos. (Share!). ¿Has sentido un aura mágica, de color violeta llena de energía sanadora? Agradecede a los Jesus Pals. Porque gracias a su amistad cercana con el Todopoderoso, todas las cosas te saldrán bien. Jesús mismo les dio like a sus publicaciones. Sería tonto quedarse con toda esa dicha, amar es compartir, por eso te regalo estampitas poderosas para tu muro. Son las personas que también cuelgan versículos de la Biblia, responden “amén” a todo y publican en sus muros para que Dios los proteja y guíen sus pasos. Los envidio. Yo quisiera que Dios vea mi Facebook también para que atienda mis pedidos y sepa lo que quiero. ¿Alguien sabe cuál es su perfil? Deseo agregarlo. Prometo darle like a sus fotos.


¡Ahora mismo te agrego!


En ese mismo nivel de energía zen están los Ricardo Belmont Pals. Si no sabes quién es Ricardo Belmont, es un señor que salía en la televisión entregando sus recordadas pastillas para el alma; mensajes reflexivos, con una alta dosis de optimismo y buenaventura. Todos los días estas personas hacen al mundo mejor, publicando sus mensajes empoderantes y optimistas. Nunca les pasa algo malo, todo lo que hay en sus muros son mensajes positivos. Aparentemente no tienen problemas ni desdichas, mucho menos desavenencias o posturas en contra. Ellos sólo regalan frases, fábulas, reflexiones… “No olvides que la verdadera belleza es una actitud”; “Abre las puertas al error porque de ellos aprendes”, “Nada es imposible”, “Que nadie te diga que no puedes porque sí puedes”, etc. Yo confieso haber usado alguna pastilla para el alma en alguna sesión de Coaching o en algún taller. ¿Pero todos los días? Lo siento, Ricardo. No deseo ser tu amigo. Por sanidad, me quedaré con mi alma enferma.


4)     Los animal lovers: ¿ves animalitos con carteles de adóptame o busco hogar? ¿Tienes fotos de animales abusados en el resumen de publicaciones? Todos tenemos algún amigo cuyo perfil parece un zoológico. “Ah, mira, una foto de un perro maltratado, justo lo que quería ver para iniciar con ánimos mi semana”. “Un toro con una espada atravesada por la boca... ¡Genial!”. “Mira, mi amigo ha colgado una foto de su perro con zapatos, y aquí hay otra de su perro comiendo; ¿cómo dejar de lado esta foto de su gato lamiéndose la entrepierna? Sí, son pro animales, se indignan ante la noticia de cualquier perro abandonado y tratan a sus mascotas como sus hijos humanos. Luchan por los derechos de los animales, por la abolición de los pirotécnicos en Navidad (pobrecitos, es que se asustan, tú no sabes cómo se ponen los perritos); y así como los ves luchando, no tienen reparo en comer carne, sí, carne, pollo, que antes eran animales (es que no son perros ni gatos, ellos sí tienen derechos porque son mascotas). Estas personas, incluso tienen más fotos con sus mascotas caninas que con sus mascotas humanas. Poco falta para que le creen un perfil a sus perros… “Ah, pero sí tienen perfil, y mira, su dueño lo ha etiquetado. ¡Qué belleza, qué lindo mi hijo!”.  
       

Mira, ¡qué lindo, cómo corren!
    
           
Y así termina esta primera parte de este profundo estudio. En la siguiente entrada pasaremos a revisar las categorías de los papitos, de los intensos, de los attention whores y de los amigos de la comida y alcohol. Continuaré mi profunda y sacrificada labor de investigación. Todo sea por y para ustedes. Se aceptan colaboraciones con información detallada de otras especies. Nueva información la siguiente semana.


Good fight, good night…




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